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Meg

En abril de 2024 tuve la oportunidad de asistir a la convención de tatuaje de Rouen, en Francia. Para mí fue un reto, una meta personal y profesional. Sabía que quería vivir esa experiencia, pero al mismo tiempo me generaba una mezcla de emoción y vértigo.

Durante la convención realicé varios tatuajes de los que me siento muy orgullosa, pero sin duda lo más valioso fue conocer a Meg, una persona que me marcó profundamente como artista. Me hizo entender que, del mismo modo que a mí me mueve el arte, también hay personas que se mueven por el mío.

Un día, de repente, una de las Firegirls empezó a seguirme. No podía creerlo cuando además me escribió para decirme que le encantaba mi trabajo. Pensé que sería simplemente un halago, una admiradora del tatuaje que quería reconocer mi estilo. Pero fue mucho más que eso.

Meg hizo algo que nunca olvidaré: dejó todo y se hizo un hueco en su agenda como artista internacional para venir a Valencia solo para tatuarse conmigo. Me dijo:

“Haz lo que quieras. Tengo estos dos huecos en los hombros y quiero que los llenes con tu estilo más puro.”
Me mostró algunas referencias del tipo de tatuaje que le gustaba —una fusión entre abstracto, electric tattoo y neotribal— y de ahí nacieron dos piezas preciosas. Tatuajes que refuerzan su feminidad, su fuerza y su identidad artística; piezas que complementan a la perfección su colección de obras de distintos artistas de todo el mundo.

La sesión no fue sencilla: se nos fue la luz, Meg llegó con la piel quemada por el sol, tuvimos que parar varias veces… pero todo mereció la pena.
El resultado fue increíble. No solo por el tatuaje en sí, sino por la conexión que se creó. Meg, que siempre había confiado únicamente en los mejores artistas del mundo, decidió confiar en mí, en mi freehand, en mi forma de entender el tatuaje.

Y que alguien así elija mi mano para ocupar su último espacio disponible, para dejar una marca que la identifique, es algo que me llena de orgullo.